
Se calculan que fueron unas 5 millones de personas. Desde Ezeiza al Obelisco, el aire vibró con un solo canto mientras el micro que llevaba a los jugadores de la selección intentaba abrirse paso entre la marea.
El calor agobiaba y cuando, ya avanzada la tarde, se anunció que era imposible que lleguen al centro, apareció el temor de una posible reacción.
Sin embargo, se diluyó inmediatamente frente a lo que ya era una certeza. Ese día tenía que ser una fiesta, y así fue. A un año, reviví el momento con el testimonio de José ‘Pepe’ Mateos, fotógrafo de la agencia Télam, encargado de retratar la caravana.


















