La clase media en Argentina, históricamente un símbolo de estabilidad y progreso, enfrenta hoy una encrucijada crítica entre la ilusión de pertenecer a este estrato y la dura realidad de una calidad de vida en declive. Un reciente informe de Focus Market examina en profundidad esta problemática, poniendo de relieve las crecientes dificultades económicas que enfrenta esta franja de la población.

Damián Di Pace, Director de Focus Market, critica duramente la situación actual: “El falso progresismo en lugar de lograr el ascenso y la movilidad social ha hecho que la sociedad descienda de la clase media a la baja, o a lo que ahora se llama ‘clase media acomodada’. La calidad de vida de la clase media ha sido arrastrada hacia abajo, llevándola a una situación de pobreza a pesar de su esfuerzo y trabajo duro”.

En el contexto económico de Argentina, el umbral necesario para que una familia se mantenga fuera de la pobreza ha experimentado aumentos vertiginosos. En julio de 2024, una familia necesita un ingreso mensual de $1.450.250 para evitar la pobreza, en comparación con los $24.749 necesarios en julio de 2017, lo que representa un incremento del 5760%. Además, el umbral para evitar la indigencia ha aumentado de $8.113 en 2017 a $543.255 en 2024.

El informe también analiza las brechas entre los distintos niveles socioeconómicos. La diferencia entre la indigencia y la pobreza se ha reducido ligeramente, de un 59% en 2017 a un 51% en 2024, reflejando un aumento más rápido en los costos de los alimentos en comparación con el aumento de la canasta básica total. La brecha entre la pobreza y la clase media ha mostrado una mejora hasta 2022, pero desde entonces ha comenzado a deteriorarse, alcanzando un 23% en julio de 2024.

Durante el mismo período, el ingreso necesario para no ser considerado indigente también ha experimentado un incremento significativo. En julio de 2017, una familia necesitaba superar $8.113 para evitar la indigencia, mientras que en julio de 2024 este umbral ha aumentado a $543.255. Asimismo, para superar el umbral de pobreza, una familia requería ingresos mayores a $19,744 en 2017, cifra que en 2024 ha ascendido a $1.112.738. Estos aumentos reflejan la profunda evolución de los costos de vida en el país durante los últimos años.

En relación con la brecha entre la indigencia y la pobreza, se ha observado una reducción progresiva a lo largo del tiempo. En julio de 2017, se necesitaban $8,113 para cubrir las necesidades alimentarias básicas y $19.744 para cubrir la canasta básica total, lo que indicaba una brecha del 59%. Actualmente, en julio de 2024, se requieren $543.225 para cubrir las necesidades alimentarias básicas y $1.112.738 para cubrir la canasta básica total, lo que refleja una brecha del 51%. Esto representa una reducción del 8% en la brecha durante este período. Este cambio sugiere que el aumento en el costo de la canasta básica alimentaria ha superado al incremento registrado en la canasta básica total.

Di Pace subraya que este deterioro no solo se debe al aumento en el costo de la vida, sino también a la caída en la calidad de vida: “Hemos subvertido el futuro de la nación culpando a la clase rica por el incremento de la clase pobre y deteriorando las oportunidades económicas de la clase media. Mientras el resto de América Latina logró un crecimiento sostenido, Argentina y Venezuela avanzaron en sentido inverso”.

La tendencia se mantiene al comparar la indigencia con la clase media. A lo largo del período analizado, la brecha entre la pobreza y la indigencia ha disminuido progresivamente, pasando de un 67% en julio de 2020 a un 66% en julio de 2021, alcanzando un 65% en julio de 2022 y finalmente un 63% en julio de 2024.

Este comportamiento no refleja buenas noticias para el ingreso de la clase media. Aunque sus ingresos han aumentado, el hecho de que la brecha se haya reducido indica que dicho incremento ha sido inferior al aumento en el costo de la canasta básica alimentaria. En otras palabras, los precios de los alimentos han subido a un ritmo más acelerado que los salarios de este segmento de la población.

La situación refleja una profunda crisis en la estructura económica del país, donde la clase media, a pesar de sus esfuerzos, ve sus aspiraciones desmoronadas frente a un entorno económico cada vez más desafiante. La pérdida de calidad de vida y la falta de retorno por el trabajo duro son evidentes, llevando a muchos a reconsiderar su futuro en el país.

En resumen, la clase media argentina se encuentra atrapada entre la ilusión de un estatus que se desvanece y una realidad económica que empeora, revelando una crisis de movilidad social y económica que requiere atención urgente y reformas profundas.