«¿En qué se me fue la plata?», es una de las preguntas más recurrentes al abrir el homebanking y ver los números de las tarjetas. Gastos que se acumulan, fin de mes que llega sin explicación y una sensación constante de desorden financiero que se traduce en estrés. Frente a ese escenario, el asesor financiero Matías Daghero propone una solución tan concreta como accesible: dedicar apenas 15 minutos diarios a ordenar las finanzas personales.
Según el especialista, la tranquilidad financiera no se logra con grandes jornadas de planificación, sino con hábitos simples y sostenidos en el tiempo. “La tranquilidad financiera no es un evento único; es un hábito de baja fricción”, resume.
Uno de los mitos más frecuentes, de acuerdo con Daghero, es creer que el orden financiero se resuelve en una tarde. “El primer gran error que veo en mis 15 años de experiencia como asesor financiero es el famoso: ‘El sábado me siento toda la tarde y ordeno todo’. Spoiler alert: no pasa”, afirma.
El problema, explica, es que esa estrategia carga al orden financiero de una connotación negativa, que lleva a postergar indefinidamente la tarea. En cambio, propone un enfoque de microgestión diaria: “Si le dedicás 15 minutos diarios, el ‘monstruo’ de tus finanzas nunca llega a crecer lo suficiente como para asustarte”.
Cuatro categorías para simplificar el control
Para que el sistema funcione, Daghero insiste en eliminar la complejidad excesiva. “El mayor enemigo del orden es la complejidad”, advierte. Por eso, recomienda reducir todos los gastos a solo cuatro grandes categorías:
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Gastos fijos, como alquiler, servicios, seguros o educación.
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Gastos variables, vinculados al estilo de vida: salidas, comidas, ropa o hobbies.
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Inversión y ahorro, definidos como “lo que le pagás a tu Yo del Futuro”.
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Imprevistos o fondo de emergencia, clave para la paz mental.
La tarea diaria es simple: “Abrí tu app del banco y clasificá los movimientos de ayer en estas cuatro categorías. Nada más”, señala, y aclara que el análisis profundo viene después.
Automatizar para ganar control
Otro pilar del método es la automatización de pagos y ahorros. Para Daghero, depender de la memoria para pagar cuentas es un desgaste innecesario. “La voluntad es un recurso limitado. No la gastes en acordarte de que el 10 vence la luz”, sostiene.
Su recomendación es automatizar todos los gastos fijos y, especialmente, el ahorro. “No ahorres lo que te sobra después de gastar; gastá lo que te sobra después de invertir”, remarca. En ese sentido, destaca un punto que suele generar resistencia: “La gente cree que la automatización le quita control. Es al revés. Te libera el cerebro para que puedas decidir sobre lo que realmente importa”.
El fondo de emergencia como antídoto contra la ansiedad
El método también pone el foco en la construcción de un fondo de emergencia, al que Daghero llama “Fondo de Paz”. La clave, dice, es avanzar en pequeños pasos. “No lo veas como una montaña inalcanzable. Construilo en micro-pasos”, propone.
La técnica consiste en detectar gastos evitables cada semana y transferir ese monto —aunque sea mínimo— al fondo de emergencia. “Hacer esto manualmente te da una descarga de dopamina. Sentís que estás ganando el juego”, explica.
Para quienes no saben por dónde empezar, Daghero sugiere una hoja de ruta clara para esos 15 minutos diarios: revisar movimientos recientes, categorizar gastos y realizar una acción concreta, como dar de baja un servicio, leer una noticia financiera o evaluar una inversión.
“El mejor sistema es el que usás, no el que es más completo en los papeles”, resume.
Lejos de asociar el orden financiero con la restricción, Daghero lo define como una herramienta de libertad. “El orden te da la libertad de gastar sin culpa”, afirma. Saber cuánto se tiene, cuánto se debe y cuánto se invierte permite disfrutar los consumos con tranquilidad y sin comprometer el futuro.
En definitiva, el mensaje es claro: no hace falta ser un experto ni dedicar horas interminables. Con constancia, un sistema simple y apenas 15 minutos al día, el desorden financiero puede dejar de ser una fuente de angustia para convertirse en una herramienta de control y bienestar.



















