Durante más de cinco décadas, La Quinta construyó su identidad alrededor de un producto profundamente asociado a la cultura cordobesa: el alfajor como souvenir, regalo y símbolo de pertenencia. Hoy, esa impronta sigue vigente, pero convive con una estrategia de crecimiento que busca llevar a la empresa a un nuevo estadio productivo, comercial e industrial, con alcance nacional y proyección internacional.
Uno de los hitos recientes en ese proceso fue la obtención de la certificación ISO 22000 en inocuidad alimentaria, un paso clave para profesionalizar procesos y abrir puertas a mercados más exigentes. “Es un orgullo tremendo poder generar desde el interior del interior esta certificación que nos permite posicionarnos a niveles más nacionales y también internacionales”, señaló Luciano Livetti, dueño de la firma. La norma certifica la trazabilidad y el control de los procesos productivos, un requisito indispensable para abastecer canales de mayor volumen y complejidad.
La empresa, que durante años tuvo un fuerte anclaje en el turismo y el consumo regional, comenzó a revisar su estrategia a partir del impacto de la pandemia. La abrupta caída de la actividad turística funcionó como un punto de inflexión. “De golpe no había turistas y nos preguntamos a quién le vendíamos alfajores si nadie podía moverse”, recordó Livetti. Ese escenario aceleró un replanteo que hoy define el rumbo de la compañía: pensar a La Quinta no solo como una marca de souvenirs, sino como una empresa de alimentos.
Desde esa lógica surgieron nuevos desarrollos de producto y una diversificación del portafolio. Uno de los más relevantes es el alfajor nutritivo desarrollado junto al Ceprocor, pensado para reemplazar una comida diaria. El producto ya está listo para su lanzamiento y fue reconocido con el Premio a la Asociatividad otorgado por cámaras industriales y el Gobierno de Córdoba. “Hemos generado el desafío de armar un alfajor nutritivo que pueda reemplazar un almuerzo o una cena, con todas las cargas nutritivas esenciales”, explicó el empresario. El proyecto combina innovación alimentaria, articulación público-privada y una posible aplicación social.
En el plano industrial, La Quinta opera hoy una planta de 12.000 metros cuadrados equipada con seis líneas de producción de alfajores completamente mecanizadas. La capacidad instalada alcanza los tres millones de unidades mensuales, considerando alfajores y conitos. “Estamos preparados para elaborar tres millones de unidades por mes trabajando a pleno”, detalló Livetti. Actualmente la producción funciona en dos turnos, pero la empresa prevé ampliar a tres a partir de marzo, en función de nuevas alianzas industriales y comerciales que comenzarán a activarse durante 2026.
Un factor determinante para ese crecimiento fue la llegada del gas natural a la zona donde se emplaza la planta. Esa mejora en infraestructura permitió evitar una relocalización y habilitó nuevas inversiones en tecnología y maquinaria. A partir de allí, la empresa inició un proceso sostenido de ampliación de líneas productivas, con foco en eficiencia y productividad.
La Quinta mantiene, al mismo tiempo, una fuerte apuesta por el alfajor cordobés tradicional. Su masa, más húmeda y porosa que la de otros alfajores del mercado, se elabora con alto contenido de miel, utilizada como conservante natural. Esta característica no solo define el perfil sensorial del producto, sino que refuerza su vínculo con la producción regional, evitando el uso de conservantes artificiales.
En paralelo, la empresa profundizó una estrategia de posicionamiento basada en alianzas culturales y comerciales. Los desarrollos conjuntos con referentes de la identidad cordobesa se convirtieron en una de las principales palancas de visibilidad nacional. El alfajor creado junto a La Mona Jiménez y el producto desarrollado con el festival Cosquín Rock son ejemplos de cómo la marca logró ampliar su alcance sin diluir su identidad.
En el caso del Cosquín Rock, el producto no solo se comercializa en el festival local, sino que acompaña a la marca en sus ediciones internacionales, abriendo una primera experiencia concreta de proyección externa. Si bien la exportación aparece como un horizonte posible, la empresa plantea un camino gradual. “Primero tenemos que cubrir bien el país y después pensar en cruzar fronteras, porque es un producto alimenticio que requiere una logística muy ordenada”, sostuvo Livetti.
Otro de los ejes estratégicos de 2026 será el lanzamiento de la nueva “línea de autor”, orientada al segmento premium. El primer producto de esa línea es el alfajor y conito de pistacho, recientemente presentado en las tiendas de la marca. Se trata de un desarrollo de mayor gramaje, con doble relleno y coberturas especiales, pensado para un consumidor que busca sabores más complejos y experiencias diferenciales.
Durante el año, la línea premium se ampliará con nuevas variedades y combinaciones, apoyadas en tecnología que permite trabajar con distintos porcentajes de cacao y rellenos especiales. La estrategia apunta a captar tendencias de consumo sin abandonar el dulce de leche como eje identitario del producto.
En el plano comercial, La Quinta opera actualmente 25 tiendas entre locales propios y franquicias, además de presencia en aeropuertos y puntos de venta estratégicos. A esto se suma su llegada a grandes cadenas de supermercados en la provincia de Córdoba y el avance progresivo hacia una cobertura nacional. El modelo de franquicias ocupa un rol central en ese crecimiento: 18 de las tiendas funcionan bajo ese esquema.
La empresa también impulsa un formato híbrido que combina tienda de alfajores y cafetería, desarrollado en alianza con una marca internacional de café. Este modelo despierta un creciente interés entre potenciales franquiciados y se proyecta como uno de los vectores de expansión para el próximo año.




















