La tendencia descendente del dólar en Argentina se consolidó en las últimas semanas y empieza a generar efectos concretos sobre la economía real. Lejos de explicarse por un aumento genuino de la confianza o del ingreso de inversiones, el fenómeno responde, según el economista Fernando Oviedo, a una dinámica financiera previa que hoy se revierte: una dolarización excesiva de carteras durante el período preelectoral y la actual necesidad de pesos para operar.
“La economía se había dolarizado de más el año pasado, por miedo a un cambio abrupto del régimen cambiario y a la falta de dólares. Hoy esos mismos actores necesitan liquidez en pesos, y eso obliga a vender divisas”, explicó Oviedo en su paso por el programa «6 en Punto» por la radio 90.7. El resultado es una oferta de dólares que supera ampliamente la demanda, aun con la intervención del Banco Central.
De acuerdo con estimaciones del economista, durante 2024 la formación de activos externos alcanzó los 38.000 millones de dólares. Ese volumen, ahora en proceso de desarme parcial, presiona a la baja la cotización. “El dólar mayorista cerró en torno a los $1.420, muy lejos del techo de la banda cambiaria, que está en $1.578. Es la mayor distancia en siete u ocho meses y marca un quiebre respecto de los escenarios de tensión que se veían antes”, señaló.
Estancamiento económico y metas con el FMI
El comportamiento del tipo de cambio se da en un contexto macroeconómico frágil. Según Oviedo, la actividad económica permanece estancada desde febrero de 2025. “Después de recuperar la caída de 2024, la economía quedó planchada. No hay crecimiento”, afirmó.

En paralelo, el Gobierno sostiene como prioridad la desaceleración de la inflación, aunque los resultados muestran límites: “En las últimas siete mediciones hubo aumentos”, advirtió el economista. En ese marco, la política cambiaria también está condicionada por la relación con el Fondo Monetario Internacional.
Actualmente, una misión del FMI se encuentra auditando las cuentas públicas y el cumplimiento de las metas fiscales y de reservas, con el objetivo de habilitar un desembolso cercano a los 1.000 millones de dólares. “El Banco Central está comprando dólares para cumplir con las metas de reservas, pero ni siquiera esa demanda alcanza para revertir la tendencia bajista del precio”, explicó Oviedo.
Dólar atrasado y presión sobre los sectores productivos
La apreciación del peso empieza a configurar un escenario de “dólar atrasado”, con impactos desiguales sobre la economía. Los sectores exportadores ven erosionada su rentabilidad, mientras que la industria manufacturera enfrenta una creciente competencia externa en un contexto de apertura comercial.
“El tipo de cambio oficial queda bajo frente a costos internos que siguen siendo muy altos”, sostuvo Oviedo. En la industria, el efecto es más profundo: “La apertura pone a muchos sectores al límite de su línea de flotación”. Textil, calzado y autopartes aparecen entre los más comprometidos, por la imposibilidad de competir con productos importados más baratos y con menores cargas impositivas y logísticas.
Para el economista, el problema se agrava por la ausencia de una política industrial clara. “La teoría económica indica que la apertura debería venir acompañada de algún tipo de cobertura para el sector manufacturero. Acá se optó por una competencia directa, sin red”, cuestionó.
Logística y costos estructurales
Más allá del tipo de cambio o del debate laboral, Oviedo subrayó que la competitividad argentina está fuertemente condicionada por factores estructurales. Entre ellos, los costos logísticos ocupan un lugar central. “Cuesta más llevar un camión desde Córdoba al puerto de Rosario que mandar un contenedor desde Rosario hasta China”, graficó.
En ese sentido, relativizó el peso del costo laboral en la ecuación productiva. “Se insiste mucho con bajar el costo del despido, pero es un latiguillo. El problema de fondo está en la carga impositiva y en la logística ineficiente”, afirmó, al analizar el debate sobre una eventual reforma laboral.
Qué esperar en los próximos meses
Las perspectivas de corto plazo no anticipan un cambio en la tendencia cambiaria. Durante el segundo trimestre del año, la liquidación de la cosecha gruesa de soja aportará un flujo adicional de dólares al mercado. “Con ese ingreso de divisas, no hay razones para pensar en una suba del dólar. Lo más probable es que se mantenga en estos niveles o incluso baje un poco más”, concluyó Oviedo.
El desafío, hacia adelante, será cómo administrar un dólar bajo en una economía estancada, sin agravar la situación de los sectores productivos que dependen de la competitividad cambiaria para sostener actividad y empleo. Si querés, después armamos títulos alternativos y bajadas más orientadas a empresas o industria.




















