En un contexto económico marcado por tasas de interés elevadas, inflación y una fuerte expansión de las billeteras virtuales, el economista Martín Tetaz propone una estrategia financiera que, aunque pueda parecer contraintuitiva, apunta a mejorar el rendimiento del dinero cotidiano: pagar todos los consumos con tarjeta de crédito en un solo pago y mantener el efectivo invertido hasta el vencimiento del resumen.

La lógica detrás de esta recomendación es simple: diferir el gasto permite que el dinero continúe generando intereses durante el ciclo de facturación. Si ese capital se deposita en cuentas remuneradas o billeteras virtuales, puede producir un rendimiento adicional antes de ser utilizado para cancelar la tarjeta.

Según explica Tetaz, el beneficio no está en una compra aislada sino en la repetición sistemática de la estrategia. Al aplicar este mecanismo a todos los gastos mensuales —desde consumos pequeños como comida o artículos de kiosco hasta bienes durables— el ahorro acumulado podría llegar a representar, en términos anuales, una ganancia equivalente a cerca del 10% de un salario.

“Patear” el gasto para ganar intereses

La clave del esquema es utilizar la tarjeta de crédito como herramienta de administración de liquidez. Al pagar en un solo pago, el precio del producto queda fijado al momento de la compra, mientras que el dinero que hubiera sido utilizado permanece invertido hasta el vencimiento del resumen.

De esta manera, el usuario conserva capital que puede generar rendimiento en instrumentos de corto plazo, principalmente billeteras virtuales con cuentas remuneradas.

Entre las principales ventajas de esta estrategia se destacan:

  • Mayor aprovechamiento de la liquidez: el dinero no se entrega de forma inmediata.
  • Diferencial de tasas: el capital puede generar intereses mientras se espera el vencimiento de la tarjeta.
  • Acumulación de pequeños beneficios: aunque el rendimiento por compra sea bajo, el efecto acumulado mensual puede ser significativo.

Tetaz suele ilustrar el mecanismo con un ejemplo cotidiano: incluso pagar una pizza con tarjeta en lugar de efectivo permite que ese dinero permanezca generando intereses durante varias semanas.

El caso de las compras grandes

La estrategia también puede aplicarse a bienes durables, como electrodomésticos o tecnología. En estos casos, la clave está en evaluar si las cuotas sin interés son reales o si el comercio ya incorporó un recargo financiero en el precio de lista.

Si el valor del producto es razonable y existen cuotas genuinamente sin interés, el economista considera que se trata de una oportunidad financiera especialmente conveniente, ya que permite estirar aún más el plazo de pago sin resignar capital.

Cómo aplicar la estrategia sin perder el control

Para que el mecanismo funcione correctamente, Tetaz plantea una serie de pasos operativos que buscan evitar el desorden financiero.

El primero es separar inmediatamente el dinero de cada gasto realizado con tarjeta. Ese monto debe apartarse del flujo de caja habitual y colocarse en una cuenta que genere rendimiento.

Luego, el capital puede transferirse a billeteras virtuales o cuentas remuneradas que ofrecen liquidez inmediata, donde permanecerá hasta el vencimiento del resumen. Llegada esa fecha, se utiliza el capital original —más los intereses generados— para pagar la tarjeta en su totalidad.

Entre los instrumentos más utilizados se encuentran las billeteras virtuales, con rendimientos cercanos al 30% anual, que ofrecen una combinación de liquidez inmediata y baja complejidad operativa. Para usuarios con mayor experiencia financiera, existen alternativas como cauciones bursátiles o letras del Tesoro, que pueden ofrecer tasas superiores pero requieren mayor conocimiento y gestión.

El principal riesgo: entrar en la “bola de nieve”

Tetaz advierte que el éxito de la estrategia depende de una condición innegociable: pagar siempre el total del resumen al vencimiento.

Si el usuario no puede cancelar la totalidad y recurre al pago mínimo, la lógica se invierte completamente. En ese caso, los intereses del financiamiento de la tarjeta pueden superar el 100% anual, generando una deuda que crece rápidamente.

El problema no es menor. Según datos del sistema financiero, alrededor del 9% de las familias argentinas que utilizan crédito ya tienen dificultades para pagar sus resúmenes.

En ese escenario, usar la tarjeta para cubrir gastos que no se pueden pagar al mes siguiente se convierte, en palabras del economista, en una decisión extremadamente riesgosa.

Cambios en los hábitos de pago

El contexto actual también está marcado por una transformación en los medios de pago. Las billeteras virtuales se multiplicaron en los últimos años y, según datos del Banco Central, su uso es casi diez veces mayor que el de las tarjetas físicas tradicionales.

Aplicaciones como Mercado Pago o Ualá permiten integrar pagos con tarjeta y cuentas remuneradas dentro de una misma plataforma, lo que facilita la aplicación de esta estrategia financiera.

Sin embargo, todavía existen barreras culturales y comerciales. Muchos consumidores siguen prefiriendo el efectivo, principalmente por los descuentos directos que ofrecen algunos comercios o por la falta de terminales electrónicas en negocios de barrio.

Disciplina financiera como condición

La propuesta de Tetaz plantea un uso más sofisticado de la tarjeta de crédito: no como herramienta de financiamiento, sino como instrumento para administrar liquidez y generar rendimientos de corto plazo.

La diferencia entre obtener una ganancia financiera o quedar atrapado en una deuda costosa depende, en última instancia, de la disciplina del usuario.

En un contexto de tasas elevadas y digitalización creciente del sistema de pagos, la tarjeta puede convertirse en una aliada para optimizar el dinero cotidiano. Pero el límite es claro: si no se paga el total del resumen, el beneficio desaparece y la estrategia se transforma en un riesgo financiero.