Mariano Echeverría tomó una decisión bien arriesgada al momento de asumir en Deportivo Maipú. Era el club en el que se había catapultado en el fútbol argentino, logrando el ascenso a la Primera Nacional, y uno donde supo ser un estandarte. Ahora, claro, un paso en falso como director técnico no se lo perdonan ni a los mejores y el club transitaba un presente más que difícil. Pero ese equipo que estaba último en la divisional y que parecía condenado al descenso, repuntó de la mano del Flaco y se puso sexto.

Mariano Echeverría volvió a Maipú como técnico.Mariano Echeverría volvió a Maipú como técnico.

Sí, luego de la derrota ante Quilmes, los mendocinos habían sumado únicamente una victoria, un empate y cinco derrotas. Con la salida de Matteo y la llegada del ex Boca, el Cruzado metió cinco triunfos (un 5-0 a domicilio a Temperley), dos igualdades y solo una caída. En diálogo con Olé, el entrenador explicó su llegada al club, el presente del equipo, su pasado en el Xeneize y hasta se animó a tirar un candidato para suceder a Úbeda en la Ribera. Mirá.

Mariano Echeverría con Olé

-¿Por qué la decisión de agarrar en Deportivo Maipú? ¿No te parecía algo arriesgado?

-No sé si fue tan arriesgado. En mi caso, yo tenía la experiencia de haber jugado en el club allá por el 2008 y haber logrado un ascenso. Al conocer el club, a la gente que trabajaba, a los que nos acompañaban en ese momento y al actual presidente, que fue compañero mío y su papá era el presidente en mi época, tenía mucho conocimiento de la institución y de la ciudad. La adaptación no es poca cosa cuando llegás a un lugar nuevo, pero yo ya había vivido tres años en Mendoza antes de ir a Chacarita, así que la parte social la tenía cubierta.

En la parte deportiva sí era una jugada arriesgada. Tomamos al equipo después de una derrota contra Quilmes y estaba último en la tabla. Pero haciendo un análisis exhaustivo del plantel, consideraba que había jugadores y herramientas para llevar a cabo mi idea de juego. Hoy te puedo decir que no me equivoqué.

-¿Pero eras consciente de que si dabas un paso en falso podías perder ese cariño que te tenía la gente de Maipú por tu etapa anterior?

-Sí, por supuesto. Llevo 30 años en el fútbol y sabemos que siempre corremos el riesgo de que se caigan las pequeñas idolatrías o el cariño que te tiene la gente por lo que hiciste como futbolista. Convivimos todo el tiempo con la necesidad de reconfirmar lo bueno que hicimos en otro momento. Yo lo tomé como un enorme desafío, haber tenido un paso lindo con un ascenso solo me comprometía aún más con la causa. Los que hemos estado en el alto nivel y en la élite del fútbol argentino sabemos que tenemos que convivir con esa presión.

-¿Por qué creés que el equipo repuntó con vos y pasó de estar último a meterse en zona de Reducido?

-Esa es una pregunta que estaría bueno hacérsela a los jugadores, porque ellos son los intérpretes de lo que nosotros tratamos de bajar. Fuimos muy claros con el mensaje y con la idea que veníamos a buscar. También influyó que, al haber pasado dos de los tres miembros del cuerpo técnico por el club, la gente nos reconocía y nos quería. Eso nos permitió absorber en un primer momento la presión que estaban sufriendo los chicos por el momento deportivo. Les dimos la libertad para expresar su mejor versión. Propusimos salir del mal momento haciendo lo que los enamora y apasiona de este deporte: jugar un fútbol vistoso, atractivo y comprometerse con el juego. Ahí dimos en la tecla con un grupo que está demostrando que técnica y futbolísticamente es muy bueno.

Si nos vamos a tu carrera como jugador, te dirigió Diego Maradona en la Selección. ¿Qué significó ese momento cuando te citó?

-El paso por la Selección fue el punto más alto de mi carrera futbolística. Todos desde chicos soñamos con vestir esa camiseta y cantar el himno. En mi caso se dio en Mar del Plata, ante mi familia, en mi ciudad, en un aniversario de su fundación y ni más ni menos que con Maradona como técnico. Si uno hubiese escrito el guion, no habría salido tan perfecto. Es el recuerdo más lindo que tengo y lo recuerdo con total amor. Uno crece viendo a los ídolos de la Selección. En mi caso mi referente siempre fue el «Ratón» Ayala, por eso siempre considero que esa vez le pedí prestada la camiseta un rato. Cada vez que hablo de esto aprovecho para mandarle un beso al cielo a Diego, que me metió en ese grupo selecto de personas que lograron cumplir ese sueño.

Echeverría recibe indicaciones de Diego.Echeverría recibe indicaciones de Diego.

-Cuando debutaste en Independiente de Mar del Plata en 2002, ¿esperabas llegar a la Selección y a Boca, o lo veías muy lejano?

-En Mar del Plata, en esa época, no veíamos al fútbol como una posibilidad de trabajo. Es una ciudad que vive mucho del turismo y el básquet siempre estuvo muy arraigado. El fútbol no se veía como un medio para vivir. Yo estaba estudiando educación física y jugando al fútbol al mismo tiempo. La posibilidad de convertirme en profesional recién apareció cuando me fui del país a jugar a Centroamérica. Todo lo que vino después fue consecuencia del trabajo, de ser insistente, de probar y golpear puertas hasta desarrollar un nivel que me llevó a esos lugares. Pero la verdad es que nunca había soñado con vestir las camisetas de Boca y de la Selección Argentina.

-¿Y qué significó en tu vida jugar en Boca?

-Llegar a Boca es llegar a un mundo nuevo. El «mundo Boca» existe de verdad. Cuando jugás en Primera División estás en el máximo nivel, pero jugar en Boca es otra situación. Te cambia la repercusión en la calle. Me acuerdo de ir a buscar a mis hijos al colegio y, a diferencia de antes, pasar a tardar una hora y media en irme del lugar porque explotaba de gente. Ir a los entrenamientos y ver que te iba a mirar gente que vos vas a escuchar a un recital… Cada vez que viajás a una provincia el interior explota por el recibimiento, son movimientos populares muy grandes. Lo disfruté mucho porque entendía que no tenía que pasar desapercibido y que cada día podía ser el último.

-¿Esa presión que viviste en Boca te ayuda hoy en tu carrera como director técnico?

-Sí, sin ninguna duda. Pero no solo la presión de los equipos grandes, sino la de toda la Primera División o la de buscar un objetivo en el Ascenso. A mí me tocó ascender con Chacarita y hacer el gol del ascenso. Ese año me sirvió para entender lo que es la segunda división del fútbol argentino en cuanto a jugar de local, de visitante y contra equipos muy grandes de la categoría que se arman directamente para subir. Conocer el medio y haber estado en tantos momentos de alta presión me da un plus a la hora de manejarme en la categoría. Todas las presiones son diferentes, pero haberlas vivido en el Ascenso, en Primera, en la Selección y en Boca te enmarca para siempre.

El Vasco Arruabarrena te dirigió en Tigre y en Boca… ¿Lo ves agarrando de nuevo en el Xeneize?

-Hace tiempo que no hablo con el Vasco. Sí estuve compartiendo varios días en Mar del Plata con el profe Gustavo Roberti hace unos meses. El regreso a Boca sería una decisión muy personal de él. Es alguien que salió del club, que lo quiere y al que le ha ido muy bien en cada experiencia que tuvo. Además, como él siempre dice, cada vez que toma a Boca le da mucho lugar a los juveniles. Quizás sea su oportunidad, eso lo puede responder él. A todos nos gustaría volverlo a ver dirigir en el país porque es alguien a quien apreciamos mucho, tiene un gran recorrido y sus equipos siempre proponen jugar bien.

-¿Qué esperás para tu futuro?

-Hoy mi futuro está netamente metido en el Deportivo Maipú. Hemos tenido un progreso gigantesco en estos dos meses que llevamos al frente del club. Nos encontrábamos últimos en la tabla cuando llegamos y hoy estamos sextos. Estamos disfrutando mucho este desarrollo deportivo. Nos quedan tres partidos para cerrar esta primera ronda y el objetivo grupal es terminar dentro de los ocho clasificados para seguir creciendo como equipo.

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