
El Matador estaba 2-0 por goles de Álvarez Martínez y Depietri, y en una ráfaga, el Fideo se despachó con un doblete. Fue un empate 2-2 con sabor a derrota para la “T”.
No hubo reacción ni desahogo. Lo que pintaba para una fiesta en el Kempes con el 2-0 inicial, terminó en empate 2 a 2 entre Talleres y Rosario Central, en el cierre de la sexta fecha del Torneo Clausura. El equipo de Jorge Sampaoli llegó a los cuatro puntos y sigue último en la Zona A, marcando un inicio de campeonato para el olvido.
Pero no todo fue un sinsabor. Al menos, el escenario inicial marcaba lo contrario. En los primeros veinte minutos, la “T” encontró circuitos de juego con profundidad por derecha. Matías Galarza se adueñó del mediocampo y Rick Lima mostró peligrosidad en los primeros avances. El local encontró el gol por la rebeldía de Valentín Depietri, que hizo la personal y se metió en el área, donde le cometieron penal. El uruguayo Agustín Álvarez Martínez fue el encargado de cambiar la pena máxima por gol y poner el 1-0.
Tras el gol, la tónica siguió siendo de los de Sampa hasta los 30 minutos. Su equipo sintió el desgaste de la presión alta y las transiciones rápidas, y el Canalla empezó a arrinconarlo. Unsain le atajó una pelota infernal a Enzo Copetti. Sería una antesala de la gigante actuación del arquero que sostuvo el resultado de su equipo.
El descanso le hizo bien al Albiazul, que entró con todo para jugar el segundo tiempo. Chamorro recibió en soledad por derecha, trepó hasta meterse en el área y asistió para la llegada de Depietri y el 2-0 parcial. La felicidad duró poco: Santiago Fernández cometió un agarrón y el árbitro Sebastián Martínez, a instancias del VAR, sancionó la pena máxima. A pura jerarquía, Di María volvió a meter en partido a Rosario Central.
Y el Canalla se le fue encima al Matador. Ocho minutos más tarde, el Fideo en modo asesino se filtró en el área, sorprendió a todos e igualó las acciones. En ese punto, el partido se le hizo cuesta arriba a la “T”. El cansancio, la falta de ideas claras y la desconexión defensiva fueron una película de terror.
La visita merodeó el arco de Unsain, tuvo chances clarísimas para darlo vuelta y, de milagro, el “Uno” de Talleres mantuvo su valla. Sobre el cierre, Emiliano Chiavassa entró por la derecha y jugó para Ronaldo Martínez, que no pudo conectar y en el despeje Dávila se pasó de largo en lo que era el 3-2.
Fue otra noche de emociones para Talleres, que mostró síntomas de mejoría, pero viejos fantasmas y la jerarquía de un campeón del mundo le arrebataron el triunfo.
Fuente : Hoy Día Córdoba



















