Veronese y un proyecto de larga data Foto Cris Sille
Veronese y un proyecto de larga data. Foto: Cris Sille.

“Open House”, la icónica obra de teatro independiente dirigida por Daniel Veronese que estuvo ocho años en cartel con la consigna de permanecer hasta que se fuera el último integrante, regresará este lunes a 22 años y con el elenco original mermado por ausencias, en el marco del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA).

“El éxito de la obra fue que no respondía a los cánones teatrales de la época”, dijo a Télam Daniel Veronese sobre la pieza que se estrenó en octubre de 2000 y que ahora se presentará en el Teatro Sarmiento (Avenida Sarmiento 2715).

Si bien en lo concreto la pieza que lleva el nombre de una canción de Lou Reed y que ahora interpretarán seis de los diez protagonistas originales (Mariana Paz, Julieta Petruchi, Nayla Pose, Martín de Goycoechea, Natalia Segre y Melina Milone) consiste en monólogos sobre la pérdida y el abandono, en los hechos, “Open House” fue mucho más.

El germen de este proyecto empezó al filo del viejo milenio, en diciembre de 1999, cuando diez estudiantes del Conservatorio le pidieron a Veronese que fuera el director de su tesis, que consistía en la presentación de una obra.

El germen de este proyecto empez al filo del viejo milenio en diciembre de 1999Foto Cris Sille
El germen de este proyecto empezó al filo del viejo milenio, en diciembre de 1999.Foto: Cris Sille.

“Justo tenía el año disponible así que les dije que sí y me encontré con un grupo de veinteañeros con muchas ganas, muy adoctrinados en el buen sentido, muy obedientes, como soldados con ganas de matar”, recordó el dramaturgo que por ese entonces estaba con el Periférico de Objetos (formado por titiriteros del Teatro General San Martín).

Para la tesis había que empezar de cero: sin un texto previsto ni obra para presentar, Veronese describió ese momento con una frase: “Una vez leí que la creación es como tirar un dardo en la oscuridad; que es algo punzante que va en una dirección y va a producir un efecto”.

Y así fue que el proceso que se convertiría en Open House comenzó con reuniones y consignas parecidas a ejercicios teatrales que poco a poco fueron tomando la forma de monólogos de Veronese sobre “la soledad, el abandono y el dolor” interpretados con un dispositivo escénico disruptivo: de cara al público con micrófonos, música con playback y hasta un conejo en escena.

“Me parecía interesante que ellos por la edad que tenían no podían haber vivido lo que estaban expresando”, explicó el director que en esa época tenía la edad que tienen hoy los actores y sí lo interpelaban esos temas. Y la obra, que irrumpió con funciones los lunes (algo también atípico en ese momento) se estrenó en octubre de 2001 en la sala porteña El Camarín de las Musas.

Veinte años después explica Veronese: “Elegí que fuera los lunes porque mi idea era que fuese un plan secundario de trabajo, que no interfiriera con otras cosas hasta que un día les dije: ´¿qué pasa si lo hacemos hasta que quede la última persona y la obra tenga una muerte natural?”

Foto Cris Sille
Foto: Cris Sille.

Télam: ¿De dónde venía el impulso disruptivo?

Daniel Veronese: Porque me gusta romper con las cosas. Hacerlo los lunes era ir a contramano y ese espíritu adolescente me persigue. Además, creo que el teatro está lleno de buenas propuestas pero muchas están enmarcadas en lo permitido y a mí siempre me gustó decir: ¿qué pasa si no hago eso? Porque hay un mundo detrás de eso. Me gusta entrar en zonas prohibidas, tirar ese dardo y ver qué pasa. A mi los artistas que me han movilizado son los que han roto con ese molde. Y al elenco les encantó convertir la obra en un organismo vivo con un horario, una duración y un cuerpo que se podía llegar a morir, se le podían empezar a caer brazos, piel, cabeza.

T: A la distancia, ¿Cómo recordás ese desmembramiento progresivo del elenco?

DV: La obra era sobre el abandono y, en algún punto, cuando alguien se iba era perfecto. Teníamos un conejo que se murió y eso también se incluyó, le escribí un epitafio. Ante las ausencias yo iba escribiendo, la primera muerte simbólica, que fue la salida del primer actor, hablamos mal de él en el escenario y nos repartimos algunos textos, la segunda ya se empezó a complicar con la repartija y cada vez que se iba alguien, desde el punto de vista dramático la obra se volvía menos interesante hasta que se fueron dos o tres de golpe y en 2008 decidimos terminar.

T: ¿Y qué te pasaba a vos con eso?

DV: En ese momento dije: “yo no me puedo ir, sin mi se va a la mierda”. Pero ahora me parece que es un poco egocéntrico pensar que esta obra no va a ser interesante si me voy porque creo que nos excede a todos, incluso a mi. Y además podría ser interesante ver contra qué choca, qué pasa con ellos, quién toma el rol, o por ahí nadie, o tal vez se empieza a destruir solo y es parte del proyecto. Creo que mi abandono podría producir un monstruo ahí.

Foto Cris Sille
Foto: Cris Sille.

T: ¿Cómo surge la idea de volver?

DV: Ellos se juntaron y me trajeron la propuesta y les dije que sí. Son los mismos textos con agregados sobre lo que pasó en todo este tiempo, pero digamos que el 75% es la obra original. Algunos del elenco no quisieron, es comprensible porque es un desgaste. Tres de los que se quedaron hasta el final y la vieron morir no quisieron y, de los seis que estrenamos, cinco fueron de los primeros que dejaron la obra. ¡Volvieron por culpa!

T: ¿Qué imaginás que sucederá con el público 20 años después?

DV: Si bien en su momento fue muy llamativo, con el correr de los años fue dejando de serlo y eso también se incluía. Empezamos a decir en el escenario: “Esto hace 5 años esto era novedoso, si ya lo han visto sepan entender que antes no era así”. Algo parecido sucederá ahora.

T: ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con los mismos actores?

DV: Hay como una repetición de aquel código de actuación, volver a “Open House”, a 20 años atrás, hay algo de un tono de tristeza que atraviesa todo y de ver qué le pasa al público con eso .

“Open house” se presentará el 28 de marzo, el martes 1 y el miércoles 2 de marzo a las 20 en el Teatro Sarmiento con una pregunta que sobrevuela, sin respuesta, ¿hasta cuándo?