El actor Nikolaj Coster-Waldau es conocido mundialmente por haber interpretado a Jaime Lannister en ‘Juego de Tronos’. Un papel inolvidable que le dio la suficiente popularidad para impulsar otros proyectos que quizá no hubiesen salido adelante sin su presencia. Hoy me toca hablaros de uno de ellos, pues este miércoles se estrenaba en Netflix ‘Perdidos en el Ártico’.

Y es que Coster-Waldau no solamente protagoniza esta película basada en una sensacional historia real, pues también es uno de sus guionistas, siendo la segunda vez en su carrera que muestra esa faceta suya -la anterior fue en en los 90 cuando ni siquiera era especialmente conocido en su Dinamarca natal-. Por desgracia, ahí no demuestra estar especialmente inspirado, siendo uno de los motivos por los que ‘Perdidos en el Ártico’ acaba sabiendo a poco.

Desaprovechada

La película de Netflix nos cuenta la increíble aventura real que Ejnar Mikkelsen e Iver Iversen vivieron al quedarse aislados en Groenlandia, teniendo que luchar por sobrevivir durante más de dos años. Como era de esperar, el director Peter Flinth busca dar un toque intenso al relato tanto para enganchar al espectador con la historia que está contando como para fomentar nuestra empatía con sus protagonistas.

Curiosamente, ‘Perdidos en el Ártico’ funciona mejor antes de que eso pase a primer plano, ya que los primeros minutos sitúan bien la historia y a sus personajes de cara a lo que está por llegar. A ello ayuda el hecho de que se evitaron los retoques digitales en la medida de lo posible para rodar todo en escenarios naturales, algo que de lo que la Flinth sabe sacar partido para aportar un toque extra de realismo a la película.

No es que sea un arranque extraordinario, pero sí convincente. Los verdaderos problemas llegan después cuando se ha de conseguir transmitir ese vaivén de emociones que afecta a sus personajes, los diferentes peligros a los que se enfrentan y cómo van capeando el temporal y evitando lo que parecía una muerte segura.

Ahí la película se enfrentaba a dos retos esenciales. El primero la capacidad inmersiva de cada una de las grandes escenas para ir potenciar esa buscada intensidad, mientras que el segundo es que el factor acumulativo estuviera logrado para así plasmar con acierto el deterioro mental y físico que van sufriendo sus protagonistas.

Monotonía

Perdidos En El Artico Imagen

Mucho me temo que ‘Perdidos en el Ártico’ falla en ambos frentes, aunque en el primero sí hay una escena bastante poderosa en la que resulta inevitable acordarse de ‘El Renacido’. El nivel de fiereza no es el mismo, pero en términos de intensidad es el punto álgido de la función, aunque probablemente lo hubiese sido aún si Flinth hubiese logrado su deseo de rodarlo con un oso polar real.

Por lo demás, son Coster-Waldau y Joe Cole, al que quizá recordéis por encarnar a John Shelby en ‘Peaky Blinders’ o por ser uno de los protagonistas de ‘Gangs of London’, los que aportan más consistencia dramática al asunto, pues ‘Perdidos en el Ártico’ incluso llega a resultar aburrida cuando busca ser emocionante.

Tampoco ayuda que el desarrollo de los personajes sea tan poco efectivo desde el guion, tanto por separado como por el discreto partido que se saca a la dinámica que se establece entre ambos. Es verdad que hemos visto muchas veces el contraste entre el experimentado y el novato, pero es que aquí tampoco se interesan por ir más allá de lo evidente y superficial.

De hecho, el personaje de Cole llega a dar la sensación de ser una mera comparsa durante muchas fases de le ‘Perdidos en el Ártico’, pero es que a cambio la trama más personal de Coster-Waldau es probablemente lo más fallido de toda la función. Ellos como actores hacen lo que pueden por aportar credibilidad, pero tampoco pueden hacer milagros y lo que debería ser una odisea histórica acaba sintiéndose como una batallita contra la naturaleza. Apenas se siente esa angustia y agotamiento vital que deberían sufrir.

En resumidas cuentas

Perdidos En El Artico Escena

‘Perdidos en el Ártico’ ofrece un discreto acercamiento a unos increíbles hechos reales, y es que no hay mucho que rascar más allá de la efectiva ambientación y los esfuerzos de sus dos protagonistas. Que una propuesta así resulte monótona más que cualquier otra cosa es una pena.