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Al mal tiempo buena cara

La sentencia “Al mal tiempo buena cara” se le atribuye a Benjamín Franklin. Político, científico, inventor, diplomático, periodista, educador, considerado padre fundador de los Estados Unidos. Vivió 84 años del siglo XVIII, y es muy probable que el hombre haya inventado el pararrayos con una sonrisa en su rostro…

Este refrán, que remite al célebre Carpe Diem (Aprovecha el día) del poeta latino Horacio, también tiene vínculo sanguíneo con otra frase del propio Franklin: “La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro”… ¡Distintas palabras para referirse a lo mismo! ¡Vamos, vamos, arriba ese ánimo, que no decaiga!…

Con todo respeto a los habitantes de países nórdicos, que por vivir inviernos largos de muy baja temperatura, fuertes vientos y nevadas, son mucho más propensos a sufrir períodos de depresión o estrés, como está demostrado…

También está demostrado que la misma lluvia que nos enoja por hacernos perder ese asado con amigos, o esa caminata bajo el sol que habíamos planeado, también puede cautivarnos y resultarnos estimulante en ciertos planes bajo techo… ¡Hay lluvias y lluvias, vieron qué relativo es todo!…

El mal tiempo es una situación externa que no podemos cambiar cuando sucede, pero sí tenemos la posibilidad de vivirla con mayor o menor aceptación y disposición… ¿Qué es un refrán sino una frase breve que se usa para poner un ejemplo, llamar a la reflexión o brindar alguna enseñanza sobre algo? Bueno, aprendamos entonces, ya que estamos…

Desde la bioneuroemoción se sugiere que cuando viene el “mal tiempo” tenemos la oportunidad y el derecho de permitirnos estar tristes o rabiosos, pero autoindagándonos acerca de a qué estamos reaccionando así… “¡Es que la lluvia me inundó la casa!” ¡Ommmmmm!