Lejos de terminar, RTVE sigue dando bandazos en una crisis cuyo fin no parece deslumbrarse desde hace años. Este lunes se abría un nuevo capítulo:  José Manuel Pérez Tornero, presidente de la corporación, anunciaba su dimisión tras año y medio de mandato.

Las razones de su dimisión, expuestas en una carta, radicaban, según él, en la falta del consenso y el pluralismo necesario para su proyecto de renovación profunda de la radio televisión pública. Según escribe:

«En resumen, hemos avanzado considerablemente, creo que se puede demostrar con datos y, sin embargo, insisto: creo que ya no se dan las circunstancias para seguir avanzando. Porque he constatado que, dentro del máximo órgano de administración de RTVE —y pese a los esfuerzos ímprobos realizados por algunos de sus componentes— ya no se dan las condiciones mínimas para el consenso transversal, ni para la conformación de una mayoría plural, estable y coherente; y, en muchas ocasiones, ni tan solo el clima propicio al diálogo que necesitamos para culminar el proyecto. Lo cual dificulta mucho la gobernabilidad de la empresa, e impide llevar a cabo la transformación con la que todos nos habíamos comprometido.»

O, en otras palabras, ha perdido la fe (y el apoyo) del Consejo de Administración de RTVE. Sin este apoyo, propiciado por los clásicos politiqueos de unos y de otros, las propuestas de Tornero quedaban en agua de borrajas, haciendo imposible que prosperasen.

El órgano estaba conformado por tres consejeros a propuesta del PSOE, tres por parte del PP, dos por Unidas Podemos y uno del PNV, elegidos en marzo 2021. De ellos Tornero era el “independiente”, elegido por consenso. Es una de las del PSOE, Elena Sánchez Caballero, la que ejerza de nueva presidenta de RTVE, tal como informó la corporación el martes por la noche.

Una gestión que prometía resuelta a base de parches y los vicios de siempre

La Gran Consulta

La dimisión de Tornero llega después de una semana que cerraba con la noticia de que el presidente había hecho un aumento sin precedentes de directivos, con 196 puestos de mando según destapaba El Mundo. Algo que representaba la gota que colmaba el vaso en una larga reestructuración del ente público polémica desde el principio.

A su llegada, Tornero se proponía cambiar radicalmente la radiotelevisión pública y, de hecho, propuestas como “La gran consulta” con una macroencuesta por todo el territorio español, parecían apuntar a esa dirección en lo que se iban aplicando parches para intentar subsanar las cosas.

Sin embargo, pronto veíamos que, lejos de lo prometido, pocas cosas estaban cambiando realmente. De hecho asignaturas perennes como la despolitización de departamentos tan vitales como el de los Informativos no parecían ser prioritarios ante una gestión en la que todo ha ido cuesta abajo y sin frenos.

Es más, se sucedieron injerencias, nombramientos polémicos (incluyendo causantes de los “viernes negros”) y hubo casos como la acusación de no dejar viajar a periodistas al Sahara Occidental que tensaron mucho el ambiente y provocó la dimisión de los jefes de internacional. También cuestiones como la externalización de programas de actualidad ha dado más de un quebradero de cabeza.

El deterioro de la marca TVE por mucho ‘MasterChef’, ‘Cuéntame’ y fútbol que haya

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Y en cuanto a Contenidos, ahí tampoco ha disfrutado de demasiada aprobación, con una TVE que apostaba fuertemente por los grandes eventos y, por supuesto, el fútbol con acusaciones de sobrepujar por los derechos del próximo mundial de Qatar 2022. No es el único evento futbolístico que la corporación tiene programada: Eurocopa 2024, el femenino de 2025, la UEFA Nations League, etc.

Un desembolso del que el ente no ha desvelado cifras concretas (se calcula que al menos 35 millones de euros por el Mundial) con la que TVE quiere salvar un poco los muebles en cuanto a audiencias en un momento en el que está en mínimos históricos y estos movimientos son muy de pan para hoy, hambre para mañana.

Y en este sentido lo que, desde luego, deja Tornero es un panorama poco atractivo para el espectador, que ve una La 1 de programación más o menos estancada por más ‘Mapi’s que pongamos. De hecho, dentro del avance de temporada lo más destacable para el prime time inmediato es ‘Dúos increíbles’, el programa presentado por Juan y Medio.

Las cosas no pintan bien para el departamento de ficción propia, cuya prioridad ha pasado a un muy segundo plano y solo hay que ver cuántas noches en esta semana tenemos una serie en La 1. Respuesta: ninguna. Sí que para la tarde sigue conservando su ‘Servir y proteger‘ y tenemos anunciada ‘Fuerza de paz’ para “muy pronto” pero más allá de ‘Cuéntame‘ no hay proyectos para reconstruir la marca TVE.

Tampoco parece haber habido (y no sabemos si lo habrá) mucho interés por promover e invertir en las grandes apuestas en los contenidos digitales: Playz, por ejemplo, pasó de ser un prometedor experimento para jóvenes y nuevos creadores a poco más que un (interesante, eso sí) foro de debate.

Y la marca RTVE Play está desaprovechada a pesar de todo el contenido potente e interesante que tiene y cuyos originales (como ‘Ruíz Mateos’, ‘Edelweiss’ o ‘Yrreal’) contaron con una promoción nimia a pesar de ser muy interesantes. El desdén por parte de la cúpula directiva a RTVE Play y el LAB RTVE, dedicado a la innovación, ya provocó la dimisión de su cabeza, Fran Lorente.

La salida de Pérez Tornero se ve con un rayo de esperanza aunque solo sea porque su sucesora, Sánchez Caballero, tiene la oportunidad de enderezar el rumbo fatídico al que se aboca Radio Televisión Española. No lo va a tener fácil porque estamos ante unos lodos con años y años de formación y, como ya hemos podido ver en este año y medio, hace falta algo más que fútbol, Eurovisión y MasterChef todas las semanas del año para arreglar todo.