La economía argentina podría dejar atrás uno de sus límites históricos más persistentes. Según el análisis del economista Salvador Di Stéfano, el año 2026 se perfila como un punto de inflexión que permitiría romper el techo de crecimiento que el país arrastra desde 2011 y poner fin a lo que define como la “maldición de los años pares”.
De acuerdo con sus proyecciones, el Producto Bruto Interno (PBI) crecería entre 4,5% y 5% en 2026, luego de una expansión estimada de entre 4% y 4,5% en 2025. “En el 2026, el país puede crecer entre el 4,5% y 5,0%, superar el techo que tenemos en el PBI desde el año 2011, e iniciar un círculo virtuoso de crecimiento”, sostuvo el economista.
Un crecimiento heterogéneo y con arrastre previo
Di Stéfano explicó que el crecimiento esperado para 2025 responde en gran parte al arrastre estadístico de 2024 y al desempeño dispar de los distintos sectores. “Como siempre, el crecimiento no es homogéneo sino heterogéneo”, señaló, al tiempo que advirtió que conviven actividades con fuerte expansión y otras aún estancadas.

La verdadera aceleración, sin embargo, estaría prevista para 2026, año en el que confluirían factores clave del lado real y financiero de la economía.
Cosecha récord y exportaciones por US$ 100.000 millones
Entre los principales motores del crecimiento, el economista destacó la expectativa de una cosecha récord y un fuerte incremento de las exportaciones energéticas. En ese escenario, Argentina podría alcanzar un máximo histórico de ventas externas.
“Vamos a una cosecha récord y mayores exportaciones de energía, lo que nos podría colocar en un récord de exportaciones, que podrían alcanzar los US$ 100.000 millones, con viento a favor”, afirmó.
En contraste, las importaciones no crecerían al mismo ritmo. Según Di Stéfano, el mercado interno presenta altos niveles de stock importado y un consumo que todavía no justifica nuevos pedidos al exterior, lo que contribuiría a sostener el superávit comercial.
El fin de un ciclo dependiente del Estado
Uno de los ejes centrales del análisis es la comparación histórica. Desde 2011, la economía argentina no logró superar su máximo nivel de actividad debido a un patrón fiscal y político recurrente. “Los gobiernos aumentaban sus gastos en los años impares y lo disminuían en los años pares. Esto hacía que nunca pudiéramos superar el máximo de crecimiento del año 2011”, explicó.
Ese esquema, sostuvo, reflejaba una economía excesivamente dependiente del Estado y con escasa tracción del sector privado. La elevada presión tributaria y la falta de reglas claras desalentaron la inversión productiva y fomentaron la dolarización de excedentes. “Privilegiar no invertir y sacar el dinero fuera del país fue el deporte nacional entre los años 2011 y 2023”, resumió.
Superávit, inflación en baja y condiciones para invertir
El escenario actual, según Di Stéfano, marca un quiebre respecto de esa dinámica. “Desde que asumió el actual gobierno, el sector público es superavitario, el Banco Central se ha capitalizado, la inflación está descendiendo y el dólar estable”, indicó.
Estas condiciones, afirmó, generan un marco más favorable para la inversión privada y podrían derivar en un fuerte ingreso de capitales durante 2026. De concretarse, Argentina estaría “en las puertas de terminar con la maldición de los años pares, romper el techo que teníamos en el PBI desde el año 2011 e inaugurar una nueva etapa de crecimiento”.
El desafío de las reservas y la negociación con el FMI
En el corto plazo, uno de los principales desafíos será la acumulación de reservas. En febrero, el Gobierno deberá volver a discutir este punto con el Fondo Monetario Internacional. Di Stéfano advirtió que las compras de dólares del Tesoro no implican una acumulación genuina, ya que se destinan al pago de intereses.
Para fortalecer las reservas sin generar tensiones inflacionarias, consideró clave que los dólares ingresen por el superávit de la cuenta corriente, la inversión extranjera directa o el financiamiento privado de proyectos productivos. “No sería conveniente comprar dólares que tengan como contrapartida financiamiento al sector público”, subrayó.
Inflación en dólares casi nula y dólar dentro de la banda
Bajo el escenario central que plantea el economista, la inflación anual se ubicaría en torno al 22,1%, mientras que la tasa de devaluación sería cercana al 19,7%, lo que implicaría una inflación en dólares de apenas 2% anual. Estas proyecciones surgen del Top 10 del Relevamiento de Expectativas de Mercado.
En ese marco, el dólar mayorista podría alcanzar los $1.735 hacia noviembre de 2026, un nivel que lo mantendría dentro de la banda de intervención cambiaria.
Riesgo país debajo de los 400 puntos y suba de activos
La acumulación de reservas tendría, además, un efecto positivo sobre la percepción de riesgo. “El mercado ve con buenos ojos tener más reservas, y esto podría hacer disminuir la tasa de riesgo país”, explicó Di Stéfano. Si el escenario se consolida, no descartó que el indicador perforé los 400 puntos básicos en el segundo semestre de 2026.
Ese contexto abriría la puerta a una fuerte recuperación de bonos y acciones locales, acompañada por un entorno internacional más favorable.
Un 2026 clave para los mercados
Finalmente, Di Stéfano anticipó que 2026 podría estar marcado por una baja de tasas de interés a nivel global, especialmente en Estados Unidos, aunque con alta volatilidad por los eventos políticos internacionales, como las elecciones en Brasil y los comicios de medio término en Estados Unidos.
Para Argentina, el balance es optimista: cumplimiento de metas con el FMI, mayor acumulación de reservas y una baja significativa del riesgo país. “Todos los caminos conducen al mercado de capitales como la mejor opción financiera 2026”, concluyó.






















