20/01/2026 16:12hs.
Dos segundos, sólo eso bastó para que el apellido Benavides volviera a estar marcado a fuego en la historia del Dakar. Esta vez no fue Kevin, campeón por duplicado en 2021 y 2023, sino Luciano, quien se consagró con la moto al igual que su hermano. Tras domar el desierto de Arabia Saudita, el salteño dio una conferencia de prensa y luego atendió a Olé, para hablar sobre su consagración, el saludo de Franco Colapinto y su sueño con Lionel Messi antes de encarar la última etapa.
El camino del motociclista de 30 años en el rally más desafiante del mundo no comenzó, cuando realmente dio inicio la competencia. Arrancó en octubre, cuando sufrió una caída en Marruecos que le destrozó la rodilla y su presencia en el desierto saudita parecía más un milagro que una realidad. Sin embargo, el campeón del Mundial de Rally Raid en 2023 decidió sacrificar todo, no pasó por el quirófano a pesar de su rotura del ligamento cruzado y menisco, y arrojó “ Voy a volver más fuerte”.
Entre algodones, el piloto oficial del equipo Red Bull KTM Factory llegó a Medio Oriente y el destino le volvió a jugar en contra: en una sesión de fotos, a un día del Dakar, se golpeó esa maldita rodilla que lo tenía a maltraer. Fue en ese momento que Luciano, con los dientes apretados, dijo: “ Cuando las ganas son tan grandes, el dolor pasa a otro plano”. Ahí, se empezó a gestar una de las consagraciones más épicas en la historia del Dakar.
Luciano Benavides, mano a mano con Olé
-Sos campeón del Dakar, ¿ya te cayó la ficha?
-Todavía me está cayendo. Cuando volvía de Arabia para acá, me dormí y cuando me desperté, medio perdido, me pregunté a mí mismo qué había pasado. No podía creer que había ganado el Dakar. Me cuesta caer. Además, fue de manera épica, en el último día… Fue impresionante.
-¿Hubo algún momento en el que pensaste que se te había escapado el título?
-Sí, Antes de largar, cuando me rompí la rodilla en el Rally de Marruecos. Encima, haciendo las pruebas y sacando las fotos el día anterior, me volví a lastimar esa zona, que se me empezó a hinchar y en un momento pensé que no llegaba ni siquiera para la largada.
-¿Por eso tuviste que encarar de forma distinta este Dakar? Quizás ahí estuvo la clave del éxito…
-Al cien por ciento que lo encaré de otra manera. Lo gané desde la cabeza. Estaba muy bien preparado mentalmente y esa fue lo que me diferenció del resto. Estuve muy fuerte, con fe y convicción. Obvio, tenés que ir rápido y necesitás también un poco de suerte. Pero ahí estuvo el secreto, en lo mental.
-¿Por qué a pesar de siempre golpearte y de sufrir tanto frío como de calor seguiste subiéndote arriba de la moto? ¿Es una cuestión de pasión o de locura?
-Son varias cosas. La pasión es lo primero. Es algo que uno no puede cambiar. Este es mi noveno Dakar, así que imaginate… También me gusta la adrenalina que te genera esta carrera. Es como una especia de droga. Pasás por tantas sensaciones extremas, físicas y mentales, que en el momento te hacen preguntarte: «¿Qué estoy haciendo acá?». Eso sí, cuando termina la competencia, al día siguiente querés volver. Son 15 días tan salvajes, con altas cuotas de riesgo en cada una, que te terminan atrapando. Por eso siempre buscás pegar la vuelta.
No sólo era el motor lo que empujaba la KTM de Benavides, también contaba con el impulso de todos los argentinos que alentaron por él en cada etapa de la competencia. Pero hay uno que se destacó por sobre el resto: Franco Colapinto, quien está próximo a comenzar una nueva temporada en la Fórmula 1 con Alpine (será su primer año de arranque en la categoría), siempre estuvo al pendiente del salteño.
Incluso, fue el Dakar lo que despertó el amor de Fran por los fierros, ya que durante su infancia en Exaltación de la Cruz, uno de los momentos que más recuerda es ver pasar a la caravana de autos, motos y cuatriciclos que disputaban el certamen. Con este detalle en cuenta, se entiende mejor cada mensaje de apoyo que el pilarense le dedicaba a su compatriota.
-Uno que festejó bastante que hayas ganado el Touareg (el trofeo del Dakar) fue Colapinto. ¿Pudiste cruzar algún mensaje con él?
-Lo invité a la fiesta, pero me dijo que ya había arrancado la pretemporada, así que no pudo venir. Pero sí, me siguió durante toda la carrera. Fue un seguidor más, sobre todo porque sabe lo que significa la parte mental como deportista de alto rendimiento. De hecho, trabajamos con el mismo psicólogo. Cuando terminó la carrera, me recontra felicitó. Es un crack Franco, ojalá que le vaya bien este año y que pueda estar en el podio. Le tengo mucha fe.
Durante la última etapa, todo apuntaba a un desenlace con acento estadounidense hasta los últimos compases. Ricky Brabec, de 34 años, contaba con 3m20 de ventaja sobre Benavídes al inicio de la jornada y una bonificación por abrir pista en la especial Yanbu-Yanbu, de 105 kilómetros. El escenario era ideal para el piloto de Honda, que tenía a su alcance el que habría sido su tercer Dakar, hasta que se produjo el giro inesperado que lo cambió todo.
El punto crítico llegó en el kilómetro 98. Allí, Brabec se equivocó en la navegación cuando marchaba con más de tres minutos y medio de renta en la general virtual. Tomó un rumbo erróneo y, aunque se dio cuenta del fallo, ya no hubo margen para corregirlo. El argentino, tras verlo perdido, entendió que la hazaña era posible y apretó hasta el límite en los últimos kilómetros. Así, se coronó campeón por solo dos segundos, la menor diferencia en la historia de la prueba, que se disputa desde 1979.
Tras enterarse que no ganó, el nacido en California se vio totalmente desconcertado ante la prensa. «Es difícil de tragar, no tengo palabras. No tiene sentido, no tengo idea de por qué perdí. Nos vemos», declaró. Horas más tarde, subió en sus redes un video donde se veía como una manada de camellos le bloquearon el camino. Muchos creyeron que su derrota tuvo que ver con esa escena, pero Benavídes se encargó de aclarar los tantos.
-Como bien dijiste, fue una definición épica. Al que no le gustó mucho fue al que terminó segundo, Brabec, quien mostró cómo unos camellos le impidieron el paso, cosa que también te ocurrió…
-No pasa nada, después terminó borrando la historia. Los camellos son parte de la naturaleza. En realidad, somos nosotros los que estamos invadiendo el lugar de ellos. Es una cuestión que no se puede controlar. Además, ese video que subió no fue de la última etapa, fue en la anteúltima. Lo peor es que yo también me tuve que enfrentar a esos mismos camellos, nada más que el helicoptero no me filmó a mí, sino a él. Pasa todos los días, no creo que haya influido en la definición.
-Esta es una carrera donde cada segundo cuenta, una frase que pesa más teniendo en cuenta que te llevaste el título por solamente dos de diferencia. Pero, cuando te dan ganas de ir al baño, ¿cómo te las arreglás para no perder mucho tiempo?
-Si te llama la naturaleza en plena carrera, la verdad es que te tenés que hacer pis encima. No te queda otra, porque encima hace frío. Si tomás un poco de agua, no hay chance, lamentablemente. Estamos en la naturaleza, en el desierto, no tenemos las comodidades de un hotel ni nada por el estilo. Entonces, lo más eficiente es hacerlo a la vieja escuela. Hay que aprender a sobrevivir.
-¿Es cierto que tuviste un sueño profético con Messi antes de la última etapa?
-Lo de Messi fue increíble. Normalmente, no me acuerdo de lo que soñé, pero ese día fue todo muy claro. Me levanté y recordé que había soñado con Leo dándome la copa. Lo tomé como una señal, elegí creer. Si le llega esto al 10, le mando un saludo.

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