• Con actividades distribuidas en 25 barrios y propuestas que incluyeron celebraciones comunitarias, desfiles junto al río y un parade inspirado en Nueva Orleans, Córdoba cerró una nueva temporada de carnavales que desplegó distintas formas de habitar el espacio público durante febrero.
  • La programación reunió a cerca de 150.000 asistentes en toda la ciudad.

La ciudad de Córdoba vivió una nueva temporada de carnavales durante febrero, marcada por la diversidad de propuestas y su despliegue territorial. A lo largo de cuatro fines de semana, 28 festejos se extendieron por distintos puntos de la ciudad a través de tres grandes líneas de programación: los Carnavales Barriales, el Carnaval de Jazz y el Carnaval del Suquía.

La programación organizada por la Secretaría de Fortalecimiento Vecinal, Cultura y Deportes, reunió a cerca de 150.000 vecinos y turistas en toda la ciudad.

Fue posible gracias a un esquema de articulación transversal entre las diferentes áreas municipales que permitió garantizar la seguridad, la logística y la infraestructura necesaria para que cada celebración se desarrollara de manera exitosa en cada punto del mapa urbano. Además, más de 6.000 artistas, entre integrantes de murgas, batucadas, comparsas, bailarines y músicos, participaron de los festejos desarrollados en calles y plazas, impulsados por unas 50 organizaciones culturales de la ciudad.

Los Carnavales Barriales volvieron a desarrollarse en más de 25 barrios, consolidando una programación descentralizada que alcanzó zonas del norte, sur, este y oeste de la ciudad. Calles, plazas y espacios comunitarios fueron escenario de desfiles, presentaciones musicales y propuestas artísticas impulsadas por organizaciones locales, comparsas, murgas y agrupaciones culturales que sostienen estas celebraciones año tras año.

Barrios como Las Violetas, José Ignacio Díaz 5°, Villa Boedo, San Vicente, Alto Alberdi, Argüello Lourdes, Villa El Libertador, Güemes y Alta Córdoba formaron parte del recorrido de esta edición, en festejos que expresan identidades propias y trayectorias comunitarias construidas a lo largo del tiempo.

La programación surgió de una convocatoria pública enmarcada en el Programa Proyectos de Festejos Comunitarios de Carnaval (Ordenanza 12.500), orientada a fortalecer el acceso cultural y el uso del espacio público como ámbito de encuentro.

A esta dimensión territorial se sumaron propuestas que ampliaron el mapa carnavalero de la ciudad. El Carnaval del Suquía celebró su segunda edición sobre las márgenes del río, con actividades desarrolladas en el corredor del Parque Las Heras-Elisa y el Paseo Suquía. Durante dos jornadas, agrupaciones de murgas, comparsas y batucadas desfilaron junto al paisaje ribereño, integrando la celebración popular con uno de los espacios naturales centrales de Córdoba y consolidando un nuevo escenario para los festejos de febrero.

Por su parte, el Carnaval de Jazz celebró su quinta edición con un desfile callejero inspirado en el Mardi Gras de Nueva Orleans. El recorrido por barrio Güemes, encabezado por la Small Jazz Band junto a músicos invitados y cuerpos de baile, propuso un cruce entre jazz tradicional, swing y danza, reuniendo a más de 3.000 personas en una jornada que combinó música en vivo y participación espontánea del público. La celebración continuó luego en la explanada del Palacio Municipal con presentaciones musicales y performances, reafirmando la continuidad de una propuesta que año a año suma identidad propia dentro del calendario cultural local.

Lejos de responder a un único formato, la temporada mostró que el carnaval en Córdoba se construye desde múltiples tradiciones: la organización comunitaria de los barrios, la apropiación cultural del río como espacio de encuentro y la incorporación de nuevas lecturas musicales y urbanas de la fiesta.

Así, febrero volvió a configurar un calendario extendido en el que distintas formas de celebración convivieron y dialogaron, consolidando una agenda que distribuye actividades en todo el territorio urbano y reafirma al carnaval como una práctica cultural viva, en permanente transformación y sostenida por la participación colectiva.