En el norte cordobés, un desierto de sal regala instantes al amanecer y el atardecer que pueden perdurar en la memoria para siempre.

(Texto y fotos: Patricia Veltri).-

El amanecer y el atardecer en las Salinas Grandes de Córdoba regalan instantes mágicos que pueden perdurar en sus testigos, mientras se tenga memoria.

A las 7.30 de la mañana, en un sector llamado El Retumbadero -a 180 kilómetros de la ciudad de Córdoba y a 20 km de San José de las Salinas- reinan la quietud y el silencio.

En medio de una inmensidad de suelo blanco, hay cuatro horizontes hacia sendos puntos cardinales. Y en cada uno, la línea de un desierto plano de sal se une a la del cielo. La superficie es incalculable a la vista: lo único que asoma en el paisaje son los restos de una estructura de hierro y madera.

Hacia el este, una franja anaranjada tenue atraviesa el celeste inmaculado del cielo. Está empezando a aclarar, no hay viento ni nubes. Hace una temperatura agradable para ser invierno.

En el preciso momento que el reloj marca las 7.53, una esfera anaranjada incandescente empieza a emerger de la línea del horizonte, irradiando por encima una luz que dibuja un abanico amarillo. Al cabo de tres minutos, como una magia en cámara lenta, habrá salido el sol en su totalidad.

El Retumbadero toma su nombre de la antigua forma de extrar la sal de esta mina que abarca 220 mil hectáreas en el norte cordobés, compartidas con las provincias de La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero.

La estructura que se levanta en este mar blanco es vestigio de tiempos remotos, cuando las bateas llenas de sal (también llamadas Decauville, por su marca) eran deslizadas por una rampa y luego volcadas –o tumbadas- en camiones.

También, magia al atardecer

La antigua forma de extraer la sal a pico y pala a fuerza de hombres que cumplían jornales de día completo, fue reemplazada por métodos mecanizados, menos insalubres y sin depredar. En la actualidad, la industria de extracción de sal y su procesamiento para consumo culinario está a cargo de la empresa Lisal en una zona llamada Santa Laura.

El método que utilizan incluye piletones que recogen el agua de la mina de sal a través de cañerías. El suelo de las piletas está recubierto por nylon para que funcionen como un reservorio: el efecto del sol y los vientos, evaporará el líquido y quedará el elemento sólido. El componente de sal en estas piletas que se ven como de agua celeste, a veces supera a las del Mar Muerto.

A pie desde la zona de piletas, atravesando un campo de sal que cruje y queda con huellas, algo de vegetación achaparrada, ruinas de lo que fueron las casas de los antiguos pobladores y algunas bateas o Decauville herrumbradas, se llega hasta un punto elegido por el guía Raúl del Rincón.

Rodea una inmensidad de mar blanco sólido y el sol poniéndose sobre el horizonte del oeste hace propicio jugar con las fotos más creativas en planos distorsionados.

Aunque es invierno se puede estar en mangas de remera. Hacia las 18.30, con cielo totalmente despejado, el sol se ve como una esfera amarilla sin contorno definido que se va aproximando a la línea del horizonte. Luego se deforma y parece una pelota naranja brillosa aplastada. A medida que va “cayendo” en el horizonte, como si hubiera un abismo, va oscureciendo y descendiendo la temperatura. A las 18.57, el sol parece haberse desintegrado por completo sobre la sal para dejar una franja anaranjada tenue en el cielo.

De golpe hay que ponerse un abrigo, despabilarse del estado de obnubilación que deja tamaña maravilla y apurar el paso mientras quede algo de luz natural para desandar el camino hacia la salida.

Datos útiles para hacer las observaciones

La visita a las Salinas Grandes de Córdoba son posibles durante algunos meses al año. Dependen de las condiciones del suelo, que puede estar sólido, cubierto de agua o pantanoso. Los meses ideales son de abril a noviembre.

Para no correr riesgos de perderse porque no hay referencias  o que los vehículos queden empantanados, lo ideal es contratar una excursión guiada, por ejemplo desde la página web www.cordobaturismo.gov.ar desde la pestaña Catálogo de Experiencias.

Otra opción es contratar la visita guiada en Las Salinas Gran Hotel que se ubica en San José de las Salinas, el pueblo de acceso al salar. Ésta ofrece la observación desde Santa Laura en el predio que es propiedad privada de Lisal.

El hotel está abierto todo el año, todos los días, con servicio de almuerzo y cena. Es la única posibilidad de alojamiento en la zona. Es una excelente opción para hospedarse una noche y hacer las dos experiencias, al amanecer y atardecer. Pero también se puede contratar sólo la visita guiada a las Salinas Grandes.