Dicen que las rachas están para romperse. Y así, apoyándose en ese lema, una fría tarde de mayo Ferro ganó por primera vez en el año en su estadio. Cuatro meses de Primera Nacional tuvieron que pasar para que la gente se vaya contenta de Caballito. Lo merecía ayer, porque jugó mejor. Pero como en el fútbol no siempre se imponen los merecimientos, tuvo que sufrir más de la cuenta para triunfar por 2-1 ante Defensores de Belgrano.
La tensión que hubo en los anteriores partidos en el Ricardo Etcheverry no se sintió en el aire. Quizás la buena victoria por 4-2 en Bolívar, ante la atenta mirada de los 500 locos que fueron hasta allá, surtió efecto y eso alivianó la presión. Así el Verdolaga logró algo que en las anteriores presentaciones no había podido: abrir el marcador. Carambola mediante, Ángel González la clavó en la ratonera del segundo palo y, de esa forma, adelantó a los suyos.
Todo parecía perfecto. Pero antes del entretiempo, casi sin merecerlo, Jonathan Dellarossa recibió al borde del área y metió un gol de otro partido para empatar las cosas. Y como en todos los anteriores encuentros, empezaron los murmullos.
Cuando el nerviosismo empezaba a reinar, Alan Pérez descargó mal atrás y, como a caballo regalado no se le miran los dientes, Parisi definió por abajo de Medina y marcó el 2-1 final.
El ingreso de Castellani le dio control y hasta pudo haberlo liquidado. Ojo, sobre el final casi se lo empatan, pero lo concreto es que Ferro se sacó una mochila pesadísima de encima y se desahogó con su gente por primera vez en 2026.

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