Cuando las ganas pueden más, no hay mal juego que valga. Atlanta está en un presente muy flojo. Tanto como en el torneo pasado. No encuentra el camino y el funcionamiento no es el mejor. Walter Erviti seguro se fue preocupado, pensando en todo lo que hay para corregir.

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Pero si hay una cosa clara es que trabajar en la semana con una derrota, es arrancar enterrado. Por eso el Bohemio jugó con el corazón en la mano. Sí, jugó mal. Pero que puntazo rescató. Lo tenía en el bolsillo Almirante Brown, pero Atlanta se lo robó sobre la hora.

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El Mirasol es la cara contraria al momento del equipo de Erviti. Tiene las cosas más claras. Juega a lo que jugó en el 2021, en un año donde peleó por ascender. Llegaba bien. Pero si hay algo que va a lamentar Fabián Nardozza, es que no saben liquidar partidos.

La Fragata propuso su juego y eso lo llevó a ser superior, a dominar. En el cierre de la parte inicial, José Luis García sacó un zapatazo fuerte y abajo. No pasaba nada en la tarde nublada de Villa Crespo. Gol de otro partido. Pero, más allá de eso, algo había hecho la visita para abrir el marcador.

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El llanto fue más fuerte que el Pipi. No estuvo presente en el equipo por la muerte de su padre. Volvió ayer y mojó. Le ganaron las lágrimas. Mirada al cielo y dedicatoria especial. Sus compañeros lo rodearon en un fuerte abrazo, sabiendo del duro momento del jugador. Agua fría para Atlanta. No estaba haciendo las cosas bien y se comió una piña antes de volver al vestuario.

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En el complemento, a ponerle más ganas. No hay que confundir empuje con juego. Metió y metió el Bohemio. Pases largos y pocas conexiones. Pero llegó y complicó. Almirante optó por esperar y querer jugar de contra. ¿Funcionó? Sí, porque tuvo contras. ¿Las aprovechó? No, erró muchos goles y lo pagó carísimo. En la última, lo empató Fabricio Pedrozo. Punto bueno de un lado, malo del otro.

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