«Fue el momento más importante en mi carrera deportiva. A mí eso me cambió la vida. Pasé de ser un NN a ser una persona muy conocida por ese penal”, le relata Daniel Monllor a Olé. Uno de los mejores arqueros en la historia del Ascenso. Y pocas palabras más autorizadas que la de él para hablar de Nueva Chicago. Pasó las buenas, las no tan buenas y las malas ahí. Conoce cada rincón de Mataderos y se volvió un héroe, con lo difícil que resulta hacerlo en un club de esa magnitud, contemporáneo para la hinchada: esa tarde quedará inmortalizada en la memoria de cada simpatizante. Es que, como dijo el 1, «si no se sufre no es Chicago».
30 de junio de 2012. El Verdinegro, que en ese momento estaba en la Primera B, se jugaba la promoción contra un Chaca en la Primera Nacional. La ida fue un 1-0 en favor del Torito en Mataderos. Y en San Martín, después de que el Carboni ponga 2-0 la serie a los 84′, Gabriel Tellas descontó cinco más tarde y en tiempo de descuento Vigliano cobró penal para Chacarita, que si empataba lo ganaba por ventaja deportiva. «Fue una desesperación y una angustia tremenda el no entender qué estaba pasando. Tenía ganas de llorar y de irme a mi casa. Esa serie habíamos sido demasiado superiores, la ida podríamos haberla ganado 4-0. Éramos un equipazo».
El penal de la película
«Decía: ‘No puede ser, tiene que ser mentira’”. Y encima, para empeorar las cosas, a la ejecución se acercó alguien poco habitual: Damián Toledo, el 5 del Fune. “Yo tenía medio estudiado a los potenciales pateadores. Lo tenía a Sebastián Pena, a Emanuel Centurión… Hasta el día de hoy me acuerdo cómo patean. Y cuando lo veo a Toledo con la pelota, digo: ‘¿Y este muchacho de dónde salió?’. Estábamos los dos re contra cagados”, cuenta entre risas. El juez dio el silbatazo y se paró el mundo. Toledo y Monllor. Monllor y Toledo a 12 pasos de distancia. El volante cruzó el remate y el arquero contuvo el disparo. “Vi el penal 800 veces y se me sigue poniendo la piel de gallina. Lo único que tenía claro es que iba a asegurar. Vi el gesto corporal de abrir el brazo y me di cuenta de que la iba a cruzar. Él pateó muy bien, siempre lo digo. Y tuvo mucho valor. La pelota me dio en la muñeca; si me daba en la palma, me vencía. Creo que la vida me quiso recompensar. Tenía que ser para mí».
Para agregarle otra escena a esta película llamada Promoción 2012, tras la ejecución se dio una de las imágenes más vistas de la tarde con todo lo que eso conlleva: ¡ Salvador Pasini pensó que la bocha había entrado y salió a gritarlo! El técnico se fue a festejar y, cuando se percató, volvió con la cola entre las patas. Otro condimento más.
-¿Volviste a hablar con Toledo o con el Tano Pasini
-Mirá, yo soy de Ciudad Evita y el Tano también. Tengo un gimnasio al frente de su casa. Cada vez que me cruza me dice: «¡Otra vez vos hijo de puta, no te quiero ver más! Pero lo toma con humor, entiende el folclore del fútbol. Yo le digo: «Tano, tenés que agradecer, te hice más conocido ese día que en toda tu historia futbolística». El avioncito Pasini pasó a la historia. Las vueltas de la vida hicieron que me cruce con Toledo cuando llegué a Tristán: él era el técnico de la cuarta y de la Reserva. Con Damián sí que nunca hablé nada del tema. Nos saludamos cordialmente pero hasta ahí.
Quizás, quién sabe si se tratara de viajeros en el tiempo, la noche anterior el plantel tuvo una premonición: “Estábamos Gomito, Damián Lemos, Testa y yo hablando de la final mientras comíamos. Yo les decía: ‘Estaría bueno hacer uno o dos goles para cerrar el pleito’. Y ahí Lemos, que es un loco hermoso, me dice: ‘ Estaría mejor que nos cobren un penal en contra en el último minuto y vos lo atajes. Mucho mejor así’”.
El nerviosismo por el partido y la reflexión del momento
-Con tu club actual, Tristán Suárez, están a un pasito de llegar a Primera. ¿La cabeza está ahí o solamente piensa en el partido del lunes?
-Estoy con sensaciones encontradas porque bueno, me toca vivir esta actualidad con Tristán Suárez que la verdad es soñada. Es algo que me tiene muy ansioso, muy contento y muy feliz porque también a la altura del partido, con mi edad y todo, por ahí uno no esperaba estar viviendo estos momentos, pero me lo encontré y lo estoy tratando de disfrutar al máximo. El tema es que a la vez también, nada, todos saben de la identificación que tengo con Chicago y la verdad es que el momento que está atravesando el club con la posibilidad de descender me tiene bastante angustiado. Entonces estoy como en un subibaja de emociones. Espero que este fin de semana podamos meternos en la final y que Chicago se salve.
-¿Llegás a ver el partido?
-Nosotros jugamos el sábado así que calculo el lunes entrenaremos por la mañana. A la tarde manejo el gimnasio pero el horario del partido me lo voy a pedir para mí, para verlo en mi casa tranquilo y solo. Que sepan entender.
-¿Por qué creés que Chicago llegó a esta situación? De un casi ascenso en 2024 a estar al borde de la Primera B…
-La verdad es que uno está empapado en el día a día del club porque está cerca, conoce a mucha gente que trabaja ahí y a hinchas que le hacen saber constantemente la actualidad. Creo que hubo muchos desaciertos en la toma de decisiones durante el último año y el anterior que hicieron que Chicago esté con la soga al cuello. Venía de tomar un rumbo, de hacer una buena campaña con Montenegro y de poder armar un proyecto serio. Pero hubo cambios dirigenciales y decisiones raras que hacen a la cuestión. Hoy creo que Chicago es el fiel reflejo, desde lo deportivo, de lo que se vive institucionalmente en quienes toman las decisiones del fútbol.
-Desde tu punto de vista no le atribuís tanta culpa a los jugadores sino más bien a lo dirigencial.
-Creo que es un todo. Cuando no bajás una línea concreta, un sentido de pertenencia, hay un montón de factores. Chicago es un club muy lindo y pasional. Cuando conformás un grupo, tenés que entender su historia para saber qué transmitir. En Independiente o River, por ejemplo, te pueden pedir que juegues lindo al fútbol. En Chicago, en cambio, no te van a pedir un caño o un sombrero, sino que metas, entregues todo y juegues como un hincha más. Cuando armás un plantel sin gente que pueda transmitir ese sentimiento, los que llegan tienen que adaptarse a una idiosincrasia que no es fácil de entender. Por eso creo que los proyectos tienen que ser a largo plazo, con referentes que mantengan una misma línea.
No solamente se cometieron desaciertos futbolísticos. Creo que se apresuraron en la salida de Luis García. Cuando arrancó el año, por los nombres que tenía, Chicago era candidato, pero el torneo es una batalla dificilísima: hay que viajar mucho y todos los equipos son competitivos. También fue un error que Nacho Rodríguez no continuara. Venía de hacer un gran torneo, se había ganado el lugar, quería quedarse y había entendido la idiosincrasia del club. Después, Luis García era el técnico que todos querían porque conocía y sentía al club, y creo que se apresuraron al decidir que dé un paso al costado cuando el equipo todavía estaba en el Reducido.
Hay que pensar en proyectos. Nosotros, por ejemplo, acá en Tristán tenemos a Pancho Martínez hace tres años en el cargo y no es casualidad que hoy estemos primeros y hayamos mejorado la campaña del año pasado. No estoy dentro del vestuario y hablo desde afuera, sin querer señalar a ningún colega porque no soy quién para decírtelo, pero las decisiones de quienes manejan Chicago hicieron que el barco no siguiera el rumbo que tenía que seguir y hoy esté en esta situación.
Es un club muy grande y todos me preguntan por lo que está pasando. Me decían: «Fue el peor equipo del año». Y para mí no fue el peor del año. Pero es muy diferente jugar un descenso con Chicago que hacerlo con otro equipo. La carga emocional, lo que te transmite la gente y el peso de la camiseta son totalmente distintos. Por eso no coincido con que hayan sido los peores, pero sí creo que están viviendo el momento más difícil. Estoy en Suárez, estamos primeros y estamos a un empate de jugar una final, y se habla de Chicago, no de Suárez, ¿entendés? La grandeza es así. Entonces hay que transitarla, hay que vivirla y nada, sentirse orgulloso de estar en un club como Chicago.
-Si estuvieras en el plantel, ¿hubieras hecho algo distinto como referente?
-En 2023, cuando me llamó la dirigencia, la idea era retomar esa línea, ese ADN verdinegro. Por eso, al comenzar el año, traté de transmitirle al plantel lo que es Chicago, cómo se vive y lo que significa ser jugador del club las 24 horas del día. Acá te lo hacen saber constantemente, por eso es importante bajar ese mensaje desde el principio para que entiendan lo que van a vivir durante el año.
Después está la forma de jugar cada partido y la entrega que se necesita. Podés tener un mal control, una mala definición o una mala tarde, porque es fútbol, pero la entrega no se negocia. No quiero decir con esto que no se hayan entregado, porque desconozco la dinámica del grupo, pero son cuestiones básicas para representar la camiseta de Chicago. En mi último paso por el club, gracias a Dios, gané todos los clásicos. No fue casualidad la actitud que mostrábamos: creo que, de alguna manera, habían entendido el mensaje de cómo queríamos jugar.
-Viéndolo desde afuera, ¿te queda la espinita de no haber seguido en el club y poder intentar revertir la situación desde adentro?
-Cuando volví a Chicago en 2023, mi idea era no irme más y cerrar mi etapa futbolística en el club. Hubo cambios dirigenciales y decidieron que no continuara. Hoy me toca verlo desde afuera, pero mi corazón siempre va a estar ahí. Tristán Suárez me abrió las puertas, me brindó trabajo y estoy eternamente agradecido y muy feliz acá. Sin embargo, mientras siga siendo jugador, siempre voy a tener esa llamita de volver a ponerme la verdinegra.
-¿Creés que no se portaron bien por esa decisión de no permitir retirarte en Mataderos?
– La decisión de que no continuara no me pareció del todo justa, pero no me quedó otra que aceptarla y seguir mi camino. Hoy llevo casi dos años en Suárez, donde, gracias a Dios, me fue bien y estoy muy cómodo.
-¿Cómo creés que tiene que jugar Chicago para salvarse?
-Es la final del mundo para Chicago, no hay un mañana. Tiene un condimento emocional muy grande, pero creo que los chicos que hoy representan al club están capacitados para hacerlo. Vi los últimos partidos y, por momentos, merecieron un poco más para no llegar a esta situación límite. Ahora no queda otra que entregarse al máximo. En estos momentos hay que remontarse mucho al amateurismo, al niño que llevamos dentro, que soñó con ser futbolista y jugar finales y partidos trascendentales. Hay que apelar a ese fuego sagrado, dejar todo de lado y jugar con el orgullo de representar al club, entregándose al máximo por un objetivo.
-Como arquero, ¿qué consejo le darías a Jachfe o a Masuero?
-No, yo no puedo aconsejar nada, je. Ayer Facu tuvo la humildad de mandarme un mensaje y estuvimos hablando un poco. Le transmití mis sentimientos, le agradecí por lo bien que le hizo al club cuando le tocó estar y le dije que trate de transitar esta historia de la mejor manera posible, sin presiones y dando el máximo. No hay mucho secreto: el arco es toma de decisiones y tiene que tomar cada una de manera consciente y segura. Después, pasará lo que tenga que pasar.
-¿Creés que puede ser una ventaja para Chicago jugar en San Martín y no en Mataderos?
-Sí. Jugar en Mataderos con tu gente es hermoso, pero es mejor cuando disputás una final para ascender y no para descender, porque la presión es distinta. Creo que Chacarita va a jugar con la rabia de querer devolverte lo que pasó hace 14 años, pero también con el miedo de que vuelva a pasar. Eso puede ser difícil para ellos. Esperemos que los chicos no pierdan de vista eso y se concentren en lograr el objetivo que todos queremos.

Mirá también
Detalles: por qué el partido más importante del Ascenso se juega un lunes

Mirá también
Definición de la Primera Nacional: la final por el ascenso, los cruces del Reducido y el temido descenso…

Mirá también
Chacarita y Nueva Chicago definen otro descenso: la revancha de la histórica Promoción de 2012

Mirá también






















